6 consejos para presentar un congreso

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Fotografía: Xabier Martínez

En ocasiones los organizadores de eventos y congresos optan por contratar a cómicos con perfiles adecuados para ejercer de maestros de ceremonias, aportando un toque fresco a las presentaciones y tratando de servir de alivio cómico en las partes más densas de este tipo de sarao.

Se trata de una buena oportunidad laboral por múltiples motivos: económicos y de visibilidad. Estos congresos suelen estar patrocinados por marcas y entidades, con lo que se pueden permitir honorarios acordes al esfuerzo que exigen. Por otra parte, es un escaparate fantástico para mostrar nuestras habilidades comunicativas y cómicas ante una audiencia poco habitual.

Os dejo a continuación unos cuantos consejos basados en mi experiencia presentando congresos que espero sea útil.

1.- Entender el tono del congreso

No es lo mismo presentar un congreso relacionado con las redes sociales que un congreso de paleontología. En ambos casos, si la organización opta por contratar a un cómico como presentador, se busca dotar al evento de una dosis de humor, pero no debemos pasarnos de frenada.

Es útil preguntar a la organización qué esperan de las presentaciones: si quieren que elaboremos gags o chascarrillos para cada ponente o que simplemente seamos naturales en la presentación. Si quieren que sigamos un guión o que nos dejemos llevar por unas pautas mezcladas con nuestra forma natural de plantarnos en escena.

Se trata de encontrar el equilibrio entre comedia y presentación. No es bueno, según mi experiencia, ser eminentemente cómico, haciendo chistes en cada presentación, sino tratar de hacer una presentación amable, con pequeñas pinceladas y alusiones al tema de la ponencia anterior o a la ponencia siguiente, pero dotando de rigurosidad el momento en el que se habla de las personas que van a intervenir a continuación.

2.- Informarse y tener una idea general del tema del congreso y las ponencias

He tenido la suerte de presentar multitud de congresos de corte tecnológico, sobre Internet o redes sociales. Se da la fortuna de que soy, además de cómico, informático. Esto me aporta una ventaja sobre otros presentadores porque tengo conocimientos más allá del nivel usuario de esta temática.

De no tener ni idea del tema del congreso y de cada una de las ponencias, es útil hacer una pequeña labor de investigación para no llegar mancos a la presentación. El público especializado agradece que el presentador no sea un simple muñeco que reproduce lo que le ha dicho la organización, sino que se vea que, al menos, se ha esforzado en entender algo, aunque no sea su rama o su área de conocimiento.

La organización del congreso será la principal fuente de información, pero también Internet y nuestras habilidades usando esa maravillosa herramienta llamada Google. Seamos profesionales y estudiemos a qué nos enfrentamos.

3.- Evitar el protagonismo

Sé que es difícil. A mi me cuesta muchísimo dejar a un lado mi ego de cómico y entender que mi misión en un congreso, a no ser que me especifiquen lo contrario, es la de conducir de forma fluida el devenir de las sesiones y no la de ser más gracioso ni mejor comunicador que cualquiera de los ponentes. Evidentemente, a veces ocurre que puedes destacar por encima de algunos de los expertos en cuanto a comunicación o gracia, pero tratemos siempre de ceñirnos a nuestro papel y sólo intervenir cuando sea necesario.

Si la organización destina una parte del congreso a una intervención cómica de larga duración para nosotros, entonces sí. Ahí lo damos todo. Suele ser habitual que esto ocurra: presentamos el evento y hacemos una pequeña actuación cómica, como valor añadido a nuestra presentación.

4.- Conocer y hablar con los ponentes antes de presentarlos

A veces es imposible, porque llegan justos o se te escapa alguno, pero es importante tratar de hablar con todos los ponentes antes de presentarlos. Preguntarles si quieren que digas algo específico sobre ellos, si quieren una presentación especial, si pueden aportar un dato importante a resaltar… Todo lo que te digan serán herramientas para tus presentaciones. Préstales atención y toma notas mentales. Lo van a agradecer muchísimo.

Además ofrécete para lo que sea: si te quieren utilizar para ilustrar algún ejemplo, para coger un micrófono y hacer preguntas al público, para controlar el tiempo o lo que sea.

Si generas un pequeño vínculo de amabilidad con los ponentes incluso te nombrarán durante sus ponencias y les servirás de apoyo moral ante posibles contingencias. Trabajas también para ellos, no lo olvides.

5.- Ayudar y ser proactivos

Los organizadores de congresos son personas que, por norma general, se lo curran muchísimo y tienen todos los flecos cerrados, de cara a realizar el mejor evento posible. Pero a veces ocurren cosas que se escapan al control de los organizadores y ahí un presentador puede asumir ciertas responsabilidades. Estoy hablando de fallos informáticos, de sonido, de timing…

Si, de repente, la pantalla del proyector no funciona y tiene que aparecer un técnico y tirarse 10 minutos arreglándola en medio de una ponencia, como presentador cómico, sales a tratar de que el público no se despiste, bromeas sobre el error, le restas importancia y cubres al pobre ponente, que normalmente no tiene culpa de nada.

Si un ponente se extiende más de la cuenta en su exposición, utilizaremos nuestras formas más graciosas y menos ofensivas para, amablemente pero con cierta picardía, echarlo del escenario.

Y así muchos ejemplos más. Somos presentadores pero también bomberos que tenemos que apagar fuegos en tiempo real. La organización nos lo va agradecer y si lo hacemos de forma automática, sin que nos lo pidan, mejor que mejor. Se trata de arrimar el hombro entre todos para que salga bien y que la gente se quede con el contenido del congreso y no con la anécdota del fallo técnico.

6.- Autocrítica, feedback y aprendizaje

Al acabar el congreso, tras unas jornadas intensas, con momentos memorables y en ocasiones, con fallos garrafales, los organizadores de congresos evalúan el resultado en función del feedback que reciben, tanto de público como de ponentes, pasando por técnicos, ayudantes y resto de personas implicadas. Nosotros, como presentadores, no vamos a ser menos.

Es importante comenzar por un análisis de nuestra actuación. ¿Nos hemos pasado de frenada? ¿Hemos sido demasiado graciosos? ¿Hemos sentido que ayudamos a la conducción del evento o hemos entorpecido? ¿Hemos estudiado bien a los ponentes, los temas de sus charlas? ¿Nos han felicitado? Esta última pregunta la pongo porque si nos felicitan es porque lo hemos hecho bien. Si no nos dicen nada es que la hemos cagado. Comprobado. Testado. Certificado.

A partir de ahí, les exponemos de la forma más clara posible, nuestras impresiones sobre el evento. Estamos acostumbrados a trabajar de cara al público y seguro que detectamos alguna carencia o error fácilmente subsanable para futuras ediciones.

Si lo hacemos antes de que la organización nos lo pida mejor, porque es algo que es de agradecer y denota profesionalidad. Muy probablemente vuelvan a contar contigo en sucesivas ediciones, si les has gustado, y si tus recomendaciones ayudan, verás que el año que viene todos, presentador incluido, estaréis mucho más brillantes.

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