Curso de Comedia | Blog
Curso de comedia es un blog sobre el mundo del humor, desde la escritura de guiones cómicos hasta la puesta en escena de espectáculos de stand-up, teatro, improvisación, televisión, radio y otros medios.
comedia, humor, risa, monólogos, victor grande, stand-up comedy, stand-up, escritura, guión, emprendedores, concursos, televisión, radio, prensa, show, espectáculo, magia
3957
blog,paged,paged-4,qode-news-1.0.2,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,hide_top_bar_on_mobile_header,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-13.2,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.5,vc_responsive

Blog

Este fin de semana estuve completamente afónico por esforzar demasiado la garganta y no tuve otro remedio que callar y escuchar. Aunque solo fuera durante 24 horas, vi el mundo desde otro prisma, el prisma del silencio. Dicen que los cómicos somos, en general, unos egocéntricos de mierda, y nos les falta razón, porque estamos acostumbrados a hacernos oír, gracias a la ayuda de nuestro inseparable micrófono, que nos otorga ese poder. De ahí que en algún momento podamos pensar que nuestra opinión o nuestros chascarrillos son siempre más importantes que lo que tengan que decir los demás. Por eso el hecho de no poder hablar te hace ver las cosas de otra forma. O mejor dicho, te hace escuchar las cosas de otra forma.

Han pasado ya más de doce años desde que me subí a un escenario por primera vez, ¿sabes? Y hoy, no se porqué, me acordé de aquella primera época en la que nadie sabía nada y todos tratábamos de entender el fenómeno de la incipiente nueva comedia en España. Por aquel entonces El Club de la Comedia, con su fórmula de famoso-al-que-le-escriben-un-monólogo-y-lo-interpreta, o Paramount Comedy con sus nuevos cómicos, que escribían e interpretaban sus propios textos, empezaban a calar en aquellos que por azar o por destino acabamos haciendo de este un oficio. Recuerdo aquellos primeros bolos en bares, cobrando una miseria, teniendo que pagar la bebida que consumíamos, haciendo nuestros propios carteles y entradas... Recuerdo cómo cualquier texto que escribíamos nos parecía aceptable para exponerlo en público. Recuerdo esas noches en las que vomitábamos los textos, sin interacción con el público, sin apenas acting, sin empatía.

Estamos cansados de leer en todas partes la importancia de saber decir que no. Que las grandes carreras se logran a base de saber decir que no a tiempo, que incluso diciendo que no podemos ser asertivos, que decir no es más fácil de lo que uno se cree etc... Vale, sí, yo acepto todas esas veces en las que tenemos que decir que no por salud, por falta de tiempo o porque sencillamente lo que nos proponen es una basura. Pero...¿Qué me decis de lo importante que es decir que sí? ¿Y de lo difícil que es saber cuándo algo que debería ser un no, puede ser un sí beneficioso?

En algún post anterior he mencionado la importancia de “leer” el tipo de público que tienes delante, su rango de edad, su condición social, su estado de embriaguez, si hay mayoría de hombres o de mujeres, si han pagado entrada, si están sentados o de pie etc…

Todos esta información previa te puede ayudar a adaptar tu repertorio, tu tono y tu forma de expresarte para empatizar con ellos (cuanto más empatices, mejor saldrá el bolo). Pero existen límites. En uno de mis últimos bolos cometí un pecado cómico del que me arrepiento y paso a relataros, en parte como penitencia y en parte para tratar de sacar una enseñanza, por pequeña que sea…

Este verano he comenzado a actuar en un local de despedidas de soltería conjuntas. Imaginaos a unas cien personas de ambos sexos, en estado de embriaguez y con las hormonas desbocadas. Tratar de controlar la situación y salir ileso de este tipo de shows es un reto muy complicado. Os cuento mi experiencia, por si alguna vez os enfrentáis a este infierno de conejitas de playboy y bomberos toreros. Sigue leyendo...

Decía Marcuse, que es un señor que estudié en C.O.U., que la sociedad moderna sufre el "malestar de la cultura" que significa que vivimos en un estado de represión continuo porque nuestra cultura (entendida como modo de vida, costumbres, etc...) nos priva de saciar nuestros instintos básicos tan a menudo como deberíamos. Además, Marcuse decía que todo producto y actividad cultural es un impulso inconsciente (o no) de las personas hacia la libertad y la felicidad. El ser humano anhela una sociedad no represiva, en la que no exista una sobrecarga de trabajo, ni tabues sexuales, ni enajenación...pero los condicionantes históricos y sociales nos reprimen y nos adoctrinan. Y de esto saben mucho unos señores que dicen que mandan en España.

Sigue leyendo, si te apetece.

A lo largo de estos años me ha pasado de todo en mis actuaciones por bares, tabernas, mesones, cervecerías, cafeterías, salas y teatros. Ha habido episodios surrealistas, cómicos, tensos, amargos e incluso peligrosos. Con el tiempo, he ido adquiriendo un sexto sentido que me ayuda a catalogar a los locales donde actúo y a sus clientes habituales en varias categorías. Hoy voy a dedicar este post a los estereotipos de público que asiste a los shows de comedia, dejando a un lado, por supuesto, a la gente normal, maja y agradable que es la inmensa mayoría (guiño de complicidad).

 Veamos el listado...

Este texto habla de tí. Sí, de tí, grandísimo botarate. He tardado meses en escribir estas lineas para que las brumas del tiempo eviten personificaciones y pueda dirigirme a tí con el único propósito de liberar esta rabia contenida y acumulada en tantas y tantas actuaciones. Porque tú, querido, eres uno más de ese colectivo de maleducados que todavía no ha entendido las reglas del juego en comedia. 

Te lo voy a explicar de forma diáfana para que lo entiendas. Perdón, te lo voy a explicar mu claramente. Se que estás acostumbrado a entrar en un bar, pedirte un cubata y alardear de los grandísimos cojones que dios te ha dado delante de tus amigotes, que te admiran como macho alfa que eres y te imitan, tratando de alcanzar al menos el puesto de lugarteniente en tu séquito de anormales.

Para los que hacemos comedia de guerrilla a escasos centímetros de la primera linea de público, la capacidad de moldear nuestro espectáculo es primordial. No es lo mismo actuar en un bar de carretera regentado por dos camareras brasileiras y habitado por cincuentones que buscan chupitos y escotes, que actuar en una cervecería de la zona vieja de una ciudad donde el humo cannabico te impide ver al público, que actuar en un pub de un pueblo de la costa en verano cuando todos clientes vienen de emborracharse en la bodega de uno de ellos (que se casa al día siguiente), que actuar en un auditorio donde supuestamente iba a haber público adulto y encontrarte que la media de edad no supera los 11 años. No es lo mismo, Alejandro, no es lo mismo. Si basas tu espectáculo en un guión cerrado estás perdido y aquí entra esa cátedra en psicología de bar que no se aprende, sino que se aprehende con el paso de los años y las tablas. Os voy a dejar algunos consejos y trucos en los que yo me baso para lidiar con prácticamente cualquier tipo de público.

El otro día tuve la suerte de asistir a una charla de Andrés Pérez Ortega (@marcapersonal) sobre Personal Branding. Aunque fui en "modo emprendedor", la vena cómica se activó y realmente me di cuenta de que los cómicos aplicamos muchos de los conceptos de Personal Branding en nuestro trabajo y ahora veréis porqué. Lo primero: ¿Qué es Personal Branding? Pues no es más que convertirnos en nuestra propia marca, con nombres y apellidos, para venderle al mundo lo que sabemos hacer para solucionarles la vida. Primera coincidencia con la mayoría de los cómicos: utilizamos nuestro nombre real como nombre artístico. No digo que todos los cómicos lo hagan, pero si una gran mayoría. Al igual que los emprendedores que quieren ser conocidos (y reconocidos) por su nombre, los cómicos también necesitamos diferenciarnos unos de otros, buscar nuestro hueco, nuestro nicho, nuestro público. Cada uno de nosotros tiene una peculiaridad, un estilo "marca de la casa", una temática cómica determinada, un público objetivo concreto etc... Y es que en el fondo, somos y funcionamos como una empresa unipersonal.