Curso de Comedia | Los límites del humor
Curso de comedia es un blog sobre el mundo del humor, desde la escritura de guiones cómicos hasta la puesta en escena de espectáculos de stand-up, teatro, improvisación, televisión, radio y otros medios.
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Los límites del humor

Ocurre con las películas, con las series, con los libros… La serie Dexter, sobre un asesino en serie que mata solo a criminales, podría hacernos pensar que su creador cree que es lícito matar en esas circunstancias, pero probablemente lo único que pretendía el autor era hacer que nos planteemos ese conflicto moral y que nos posicionemos. En todo caso, Michael C. Hall, el actor que interpretaba a Dexter, no va por ahí matando a criminales, lo hace su personaje.
Rober Bodegas no es racista ni odia a los gitanos. Su personaje en el escenario plantea una situación: que ahora ya no se pueden hacer chistes de gitanos porque está mal visto. Esa reflexión puede llevarnos a una reflexión más profunda: ¿Puede lo políticamente correcto acabar con nuestro sentido del humor? y de ahí nos podemos ir a debates  cada vez más sesudos sobre límites, censura, poscensura y autocensura.
Pero además podemos reirnos si nos hace gracia la forma que tiene Rober de plantear la situación. Los estereotipos no se perpetuan por hacer humor con ellos. ¿O acaso los Pajilleros de la Indignación consideran que solo ellos son tan listos como para vislumbrar la ironía y quieren protejer a los demás, pobres diablillos insignificantes, de verse influenciados negativamente por interpretar mal el monólogo y hacerse más racistas?
No, señores y señoras de piel fina. La gente no es tonta y Rober Bodegas no es racista ni odia a los gitanos. La gente que asiste de público al show de Comedy Central se muere de la risa con el monólogo de Rober. ¿Es posible que lo haya hecho en una convención de racistas? Sería mucha coincidencia. Lo más probable es que el público asistente haya entendido el código de la comedia y haya establecido con Rober Bodegas el Pacto de la Comedia.

El Pacto de la Comedia

El Pacto de la Comedia es ese acuerdo que se establece entre cómico y público, por el que el 99% de la gente entiende que quien se sube al escenario es un personaje, más o menos parecido a la persona que hay detrás, pero en todo caso un personaje de ficción. Ese personaje de ficción habla y se mueve con la intención de provocar risa y, si es un buen cómico, provocar algo más. No se puede entender la comedia en términos de, por ejemplo, declaraciones oficiales.
Un político emite una declaración oficial y se entiende que ahí está expresando su opinión y la de su partido. Cuando un periodista escribe una columna de opinión, hace lo propio. Cuando tu pareja te dice “tenemos que hablar” es probable que lo que tenga que decir sea algo serio y totalmente real. Pero cuando un cómico se sube a un escenario hace FICCIÓN. Y en esos términos hay que verlo.
Te puede gustar o no. Si te gusta, perfecto. Si no te gusta, puedes dejar una opinión negativa en donde quieras sobre el espectáculo, pero no sobre la persona. Probablemente Michael C. Hall es un tipo majo en las distancias cortas, aunque Dexter trocease a sus víctimas y las echase al mar en una lancha. Probablemente Rober Bodegas sea un tipo majo en las distancias cortas y, seguro, no es un racista ni odia a los gitanos.

El fin de la comedia

Quizás lleguemos a un punto en el que ya no se pueda hacer comedia en público sobre cualquier tema. Para mi es totalmente legítimo y moralmente correcto hacer humor sobre cualquier tema. La clave quizás esté el foro en el que hagas ese humor. Encima de un escenario, perfecto, barra libre. Pero no vayas a hacer chistes de enfermos terminales el último día de vida de una persona en un hospital (a no ser que te lo pida, que podría ser). El contexto es la única variable que podría cuestionar la moralidad de un show cómico. Por eso las redes sociales, en donde el contexto se diluye, se generan genera tantas polémicas.

La libertad de expresión del cómico y la libertad de elección del público deberían ser suficientes para que la convivencia sea pacífica. Por desgracia, esto no está ocurriendo en España. En Twitter, esa extraña extensión de la vida, la polarización extrema de opiniones se hace a veces insufrible. Es una discusión de bar a nivel planetario y pocas veces se llega a una conclusión satisfactoria. La mayor parte de las veces, sencillamente, se reafirman opiniones, en lugar de encontrar puntos en común.

Por otra parte, los linchamientos públicos pueden acarrear muchos problemas a la persona linchada. Ojalá esto no afecte a Rober Bodegas, ni físicamente ni en cuestiones laborales. Espero que las amenazas de muerte se tengan en cuenta porque, repito, es el hecho más grave de todo este culebrón. Y espero también que la gente cabal, que se que somos más, consigamos erradicar la influencia de los Pajilleros de la Indignación, de esos Estupendos que tienen el sombrero de censor en la cabeza porque es gratis, anónimo y les ayuda a seguir vivos a pesar de sus propias miserias.
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