Por mi y por todos mis compañeros

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Decía Marcuse, que es un señor que estudié en C.O.U., que la sociedad moderna sufre el “malestar de la cultura” que significa que vivimos en un estado de represión continuo porque nuestra cultura (entendida como modo de vida, costumbres, etc…) nos priva de saciar nuestros instintos básicos tan a menudo como deberíamos. Además, Marcuse decía que todo producto y actividad cultural es un impulso inconsciente (o no) de las personas hacia la libertad y la felicidad. El ser humano anhela una sociedad no represiva, en la que no exista una sobrecarga de trabajo, ni tabues sexuales, ni enajenación…pero los condicionantes históricos y sociales nos reprimen y nos adoctrinan. Y de esto saben mucho unos señores que dicen que mandan en España.

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Marcuse, el amigo Herbert, era un tipo listo y probablemente un tipo simpático, por eso lo elegí cuando me tocó en Selectividad. Los que nos consideramos creadores o artistas, porque hemos dejado atrás la falsa modestia, experimentamos desde nuestro papel de padres de la criatura una explosión de júbilo cuasi-orgásmica cada vez que parimos algo nuevo que nos sale de dentro. Crear es la satisfacción en estado puro, pero también lo es consumir arte y cultura, aunque la palabra consumir no me guste demasiado en este contexto. Cuando creamos o absorbemos (esta palabra está mejor) cultura se incorporan a nuestro ser pequeñas dosis de sabiduría que poco a poco nos permiten hacer cosas tan raras como (flipadlo) tener opinión propia, que casualmente es el arma más poderosa contra la opresión de los que nos gobiernan. Porque vivimos oprimidos, reprimidos y totalmente adormilados, amigos.

Y los que nos gobiernan, que tontos no son, lo último que quieren es que se nos de por pensar. Como decían Les Luthiers: “El que piensa…¡pierde!”. Los que mandan quieren pensamiento único, ovejitas amaestradas y adormecidas que babean delante de la telebasura y lean únicamente prensa deportiva. No interesa que se produzcan cortometrajes, películas, obras de teatro, cuadros, fotografías, canciones ni cualquier otro tipo de expresión artística o cultural que pueda revolver alguna entraña o quitar el polvo de las gafas de los borregos. Lo fácil para ellos es que no creemos.

Como cortarle las alas a un artista es algo imposible, a no ser que se muera de hambre, la forma de evitar que su mensaje pueda llegar a los bellos durmientes es poniéndolo caro, muy muy caro. Y ahí es donde encaja a la perfección la subida del 8% al 21% de IVA en cine y teatro. Lo que no saben estos hombres de negro es que el arte y la cultura son como las malas hierbas que se abren paso entre el asfalto que las oprime. Ante la represión, el tijeretazo y la manipulación mediática (otro tema que tiene mucha tela que “recortar”); la verdad, el arte y la creatividad seguirán aportando al mundo esas pequeñas dosis de libertad y felicidad de las que hablaba Marcuse.

Aunque nos intenten tapar la boca, aunque pretendan que nos convirtamos en servidores del sector servicios, seguiremos creando mundos nuevos para escapar de este, que está podrido, con la sana intención de que un día las cosas cambien. Y como en el escondite, esto lo digo por mi y por todos mis compañeros (creo). 

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