Comedia de guerrilla: adáptate o muere

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Para los que hacemos comedia de guerrilla a escasos centímetros de la primera linea de público, la capacidad de moldear nuestro espectáculo es primordial. No es lo mismo actuar en un bar de carretera regentado por dos camareras brasileiras y habitado por cincuentones que buscan chupitos y escotes, que actuar en una cervecería de la zona vieja de una ciudad donde el humo cannabico te impide ver al público, que actuar en un pub de un pueblo de la costa en verano cuando todos clientes vienen de emborracharse en la bodega de uno de ellos (que se casa al día siguiente), que actuar en un auditorio donde supuestamente iba a haber público adulto y encontrarte que la media de edad no supera los 11 años. No es lo mismo, Alejandro, no es lo mismo.

Si basas tu espectáculo en un guión cerrado estás perdido y aquí entra esa cátedra en psicología de bar que no se aprende, sino que se aprehende con el paso de los años y las tablas. Os voy a dejar algunos consejos y trucos en los que yo me baso para lidiar con prácticamente cualquier tipo de público.

Estudio previo del paisanaje

Cuando te contratan para actuar en algún lugar, ya sea en Coirós o en San Pitigudino del Valle, es importante que le preguntes al dueño del local, o a la persona que te ha conseguido la actuación, que te diga qué tipo de clientes son los habituales. Es importante saber la media de edad, el idioma mayoritario (en el caso de comunidades autónomas históricas, esto es fundamental), el nivel de vida, etc…

Sabiendo de antemano lo que te puedes encontrar, puedes plantearte dejar tu monólogo estrella que sabes que funciona en la gran ciudad, por otro que trate temas más cotidianos del entorno rural, o viceversa. De esta forma, además, te preparas psicológicamente para no solo modificar el texto, sino también el tono (el idioma de ser necesario) y la expresión corporal.

 

Relaciones públicas previas a la actuación

En cuanto llegues al local es importante no solo hablar con el “jefe”, sino tambiénmezclarte un poco con la gente que ya esté por allí. No se trata de entrevistarlos ni nada por el estilo, sino de hablar con la gente, de forma sutil, para ver de que palo van. En cuanto te vean enchufando el micrófono sabrán que eres el cómico, o quizás te han reconocido por el cartel, o por verte en algún otro sitio. Ellos saben perfectamente que tú eres tú, así que no hace falta que lo digas. Simplemente intercambia algunas palabras con la gente mientras te preparas.

Estas charletas con la gente tienen una doble función. Por un lado los catalogas en alguno de los tipos de personas que tienes montados en tu mente (cada uno tenemos una forma de catalogar al personal) y podrás replantearte de nuevo la forma de hacer humor. Pero además, crearás un vínculo con una, dos o tres personas, que luego podrás usar durante la actuación, lo que me lleva al siguiente punto.

 

Empatizar es la clave

No hay nada más importante en stand-up que empatizar con el público. No solo tienes que hablar de cosas cotidianas, o que ellos puedan reconocer, sino que tienes que caerles bien, tienes que gustarles y tienes que hacerlos partícipes de la actuación. El feedback en stand-up es instantáneo. Tu ves sus caras, sus reacciones, sus gestos, y sabes si te prestan atención o no en cuestión de segundos.

Si utilizas esto en tu favor, puedes plantearte interactuar con ellos, hacerles guiños a las conversaciones mantenidas antes de la actuación, meterte con gente que le suena el móvil etc… todo eso hace que dejes de parecer un tipo que está ahí arriba, en las alturas, con una barrera inflanqueable, a ser uno más (al menos, en apariencia). Tu sigues teniendo el poder y no puedes dejar que te lo quite nadie, porque el micrófono es tuyo, pero hablando con ellos, interactuando, te humanizas y eso aumenta la empatía.

El feedback en stand-up es instantaneo.

La técnica de la rana

¿Qué hacen las ranas? Saltar. Si tienes la capacidad de escribir textos “modulables” o moldeables, es decir, que te permitan intercambiar párrafos, gags, etc… podrás saltar de un tema a otro, si ves que el camino que estabas siguiendo no está calando en el público. Si tu rutina sobre los yonkis no funciona porque tu público no se siente identificado, cambia a tu rutina sobre las comisiones de los bancos. ¿Cómo hacer esto sin romper el hilo conductor del monólogo?

Hay dos opciones: NO teniendo hilo conductor (gags inconexos) o saliéndose del hilo conductor con alguna excusa(“Los yonkis viven bien, que no tienen problemas con los bancos y hablando de bancos…”) para retomarlo después (“Pero bueno, yo prefiero enfrentarme a un yonki que a un banquero…”) y finiquitar la rutina “yonki” antes de tiempo.

Esto solo se consigue con el paso del tiempo, teniendo mucho material acumulado y asimilado, y haciendo experimentos en directo.

 

Conclusión

¡Adáptate! No pretendas que el público se adapte a tí, porque no siempre lo vas a conseguir. Tu tienes tu estilo, tu marca personal y tu texto es fantástico, pero si lo haces en castellano en un pueblo donde se habla gallego, la cagaste. Si hablas de Bob Esponja en la cena de navidad de un geriátrico, la cagaste. Si tu lenguaje es culto y pedante en el bar de la peña futbol sala, la cagaste.

Estudia el entorno, modula tu material, relaciónate con el público y empatiza.

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